El día uno de noviembre según manda la tradición se celebra el día de todos los Santos.

Lo recuerdo con mucho orgullo. En mi niñez era de las primeras veces que nos dejaban los padres salir solas.

Cogíamos el bocadillo o lo que se terciara y un puñado de castañas y nos íbamos a cualquier lugar del campo a comerlo todas juntas. Lo de asar las castañas ya lo pudimos hacer cuando fuimos un poco más mayores. Así comenzaba nuestra aventura de ir a “asar calbotes”.

El día de Todos los Santos no solo es ir a visitar a los nuestros que ya no están en este mundo. Lo que he aprendido a lo largo de los años es que esta tradición aboga a conseguir que ese día se convierta  en punto de encuentro con familia, amigos y conocidos del pueblo.

Eso fue precisamente lo que hice en el día de ayer en Jaraíz de la Vera, mi hermoso y querido pueblo. Como ya lo de asar calbotes en el campo esta rigurosamente prohibido – no sin razón-, decidimos hacer una ruta por los entrañables bosques de robledales, madroños y castaños que abrazan mi pueblo. Más tarde nos fuimos al Bar el Cortés para disfrutar de su estupendo magro con pimientos y huevos fritos con cebolla y todo aderezado con nuestro gran Pimentón de la Vera.

Y para terminar de postre Buñuelos de viento de Casa Valentín!. Dice  la tradición que cada vez que se toma uno se salva un alma! Ayer debí de salvar bastantes